Reconocidos especialistas en neurociencias nos da a entender cómo funciona el cerebro cuando parece estar en reposo, desde la memoria y el sueño hasta las conexiones creativas.
Aunque parezca que no hacemos nada, el cerebro nunca descansa. Incluso cuando soñamos despiertos, caminamos sin pensar o dormimos profundamente, mantiene una intensa actividad dedicada a consolidar recuerdos, planificar el futuro y generar nuevas ideas.
Este 22 de julio se conmemoró el Día Mundial del Cerebro, efeméride creada para concientizar sobre cómo cuidar este órgano, prevenir enfermedades neurologicas y entender su importancia para la vida.
Es que, según especifican los Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés), pesa cerca de 1,4 kilos, contiene casi 86 mil millones de neuronas, consume el 20% de la energía del cuerpo y es crucial porque actúa como el centro de control principal, regulando las funciones vitales, el pensamiento y las emociones.

El cerebro “sigue trabajando” aun cuando dormimos.
La máquina que esconde la estructura más compleja y enigmática en el universo
“El cerebro es un órgano fascinante que funciona sin pausa“, coinciden tres prestigiosos expertos en neurociencias que consultó Radio Mitre. Se trata de Alejandro Andersson, neurólogo director del Instituto de Neurología Buenos Aires (M.N. 65.836); Fabián Román, médico psiquiatra y doctor en psicología con orientación en Neurociencia Cognitiva Aplicada (M.N. 88.644) y Claudio Waisburg, neurólogo y neurocientífico, director del Instituto SOMA (M.N. 98.128).
Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, nuestra mente trabaja incesantemente, literalmente. Es que, a pesar de la típica afirmación de “poner la mente en blanco”, aunque el cerebro parezca inactivo cuando “soñamos despiertos” o no hacemos nada, mantiene una intensa actividad.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando estamos en ese estado de reposo y por qué es un momento clave para la creatividad, la memoria y la toma de decisiones?

“Divagar” no siempre se traduce en ser productivos.
Andersson, Román y Waisburg coinciden en que el cerebro no se desconecta aunque no estemos haciendo nada. “Cuando dejamos de atender una tarea concreta, no se apaga: cambia de tarea“, explica Andersson, quien especifica que el cerebro pasa de enfocar la atención en estímulos externos a poner el foco en el procesamiento interno: recuerdos, asociaciones y planificación.
De hecho, ni siquiera baja el consumo de energía. “Se redistribuye”, apunta Román. El cerebro representa apenas el 2% del peso corporal, y precisa que la mayor parte de su gasto energético se destina a la actividad interna, no a responder a estímulos externos.
Esta actividad neuronal se transforma en lo que los científicos llaman “divagación mental“, ese “estar en otra cosa”, un estado más frecuente de lo que creemos. “Lo aprovechamos, sin saberlo, cuando la solución a un problema aparece en la ducha o caminando”, señala Waisburg en referencia a ese momento “Eureka” en donde “se nos prende la lamparita”.

El cerebro regula desde el sueño hasta las conexiones creativas.
Pero “divagar” no siempre se traduce en ser productivos. “Unos minutos de reposo tras aprender ayudan a fijar la memoria”, indica Andersson, aunque advierte que la mente que entra en este estado por mucho tiempo también puede caer en lo repetitivo y negativo. “Conviene distinguir entre el descanso mental, la imaginación constructiva y el rumiar pensamientos”, detalla y subraya: “No hacer nada, después de todo, es una de las cosas más activas que hace el cerebro”.
¿Qué pasa cuando dormimos?
¿Y qué sucede cuando estamos en la cama, apagamos las luces y cerramos los ojos buscando entrar en un sueño profundo? Los tres expertos también están de acuerdo en este punto: el cerebro es “workaholic” y sigue trabajando aun en este momento bisagra. “Dormir tampoco significa apagar el cerebro, sino entrar en otro modo de funcionamiento“, explica Andersson.
Para Román, “el cerebro dormido no está en pausa: está haciendo trabajo de mantenimiento que no puede hacer despierto”. En ese sentido, la primera de esas tareas, enuncia, es fijar lo aprendido en el día. Durante el sueño profundo, el hipocampo (región del cerebro) “reproduce” las secuencias del día y las transfiere a la corteza para guardarlas a largo plazo.

Durante el sueño profundo, el hipocampo (región del cerebro) “reproduce” las secuencias del día.
“Dormimos, en parte, para recordar“, resume Román. Y Andersson amplía: “La coordinación de ondas lentas y husos del sueño reactiva información reciente y ayuda a que ciertos recuerdos se estabilicen”.
La segunda tarea de mantenimiento que lleva adelante el cerebro es la limpieza. Waisburg revela que durante la noche “hay una limpieza de productos metabólicos de desecho acumulados durante el día”. Por eso, enfatiza, “dormir mal no es perder tiempo de descanso: es interrumpir un proceso activo de mantenimiento cerebral“.
Las regiones del cerebro que se activan cuando descansamos
¿Qué mecanismos están detrás de esta “introspección”? La pregunta toca uno de los hallazgos más curiosos de la neurociencia reciente. En diálogo con este medio, los neurocientíficos destacan que cuando el cerebro no hace nada aparece “la red por defecto”.

Los neurocientíficos destacan que cuando el cerebro no hace nada aparece “la red por defecto”.
“La red por defecto es aquella que se enciende cada vez que la mente se despega del presente”, resume Román. Para Waisburg, esta red entra en acción cuando “la mente viaja hacia adentro”: recuerdos, imaginación, planificación y diálogo interno.
“Es un conjunto de regiones cerebrales —corteza prefrontal medial, cíngulo posterior, precúneo, áreas parietales y temporales— que se coordinan cuando dejamos de concentrarnos en el mundo exterior”, explicita Andersson.
La historia de esta red empieza casi por accidente. La describió por primera vez el neurocientífico Marcus Raichle en 2001, cuando buscaba una condición de reposo para estudios de neuroimagen, y se topó con que esa supuesta inactividad “escondía un patrón de actividad sorprendentemente organizado”, cuenta Waisburg. Román lo sintetiza: “se definió por lo que hace cuando no le pedimos nada“.

El cerebro dormido no está en pausa: está haciendo trabajo de mantenimiento que no puede hacer despierto.
Esta red participa cuando recordamos experiencias, pensamos en nosotros o en otros e imaginamos el futuro. Román, quien es director de la Red Iberoamericana de Neurociencia Cognitiva, lo ejemplifica con escenas cotidianas: repasar una discusión de ayer, ensayar lo que le diremos al jefe el lunes, revivir unas vacaciones mirando por la ventana del colectivo. “Todo eso, lo que solemos llamar ‘estar en la luna’, es su territorio”, dice.
En esa línea, Waisburg ordena esa actividad en tres procesos: “la memoria autobiográfica, la simulación mental del futuro y la teoría de la mente, es decir, inferir lo que piensan o sienten los demás”.
Allí asoma su importancia. En la creatividad, coinciden, la red no trabaja sola: genera asociaciones e ideas espontáneas que otros sistemas ordenan y filtran. “El pensamiento creativo surge del acoplamiento inusual entre la red por defecto y la red de control ejecutivo“, precisa Román, dos redes que suelen ser antagónicas.
En lo que respecta a la toma de decisiones, “nos provee el material sobre el cual después decidimos“, resalta el psiquiatra.
En definitiva, el cerebro es una maquinaria que trabaja sin descanso, incluso cuando creemos no estar haciendo nada. Por eso, no caben dudas de que la ciencia no exagera cuando lo describe como un órgano vital, indispensable para la supervivencia, dado a que nos hace pensar, sentir, desear y actuar.-mitre-

