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Es salteño, vino a estudiar en Buenos Aires y se recibió de ingeniero espacial: “Quiero construir satélites”

Matías Escobar, primera generación de universitarios de su familia, es el tercer ingeniero espacial del país y el primero de su provincia.

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Hace menos de un mes, Matías Escobar, salteño de 29 añosse recibió de ingeniero espacial en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Así, se convirtió en el tercer argentino en graduarse de esa carrera y el primero nacido de Salta.

Hoy, después de semanas duras de estudios y exámenes, Matías disfruta de unas merecidas vacaciones antes de reincorporarse a su trabajo en la Gerencia de Proyectos Espacial de INVAP, donde tiene el sueño de devolverle al país un poco de lo mucho que le dio gracias a la educación pública: Me gustaría poder ayudar a Argentina a seguir construyendo satélites”, afirmó a TN Tecno.

Matías, primera generación de universitarios de su familia, creció en Salta Capital, donde tuvo una infancia sin lujos. “La pasaba jugando al fútbol con mis amigos toda la tarde, en la calle o en alguna de las plazas del barrio. Y también acompañaba a mi viejo a su laburo. Era chofer de líneas urbanas de la ciudad. Hay muchas fotos en las que yo estoy vestido con su uniforme haciéndome pasar por colectivero”, recuerda con una sonrisa. “La pasamos bien. No éramos precisamente millonarios, por lo que mi mamá, además de ser ama de casa, siempre salía a buscar un ingreso extra. Así fue que logró poner un negocio de ropa. Con mis hermanos le dábamos una mano para conseguir que nos compre algo o nos den permiso para salir o hacer otras cosas”.

Matías Escobar. (Foto:LinkedIn/Matías Escobar)
Matías Escobar. (Foto:LinkedIn/Matías Escobar)

En la conversación con TN Tecno, Matías siempre resaltó el papel que la educación pública tuvo en su vida. Su recorrido educativo fue completamente a través de instituciones estatales, desde la primaria en la Escuela Augusto Raúl Cortázar hasta la secundaria en la Escuela Victorino de la Plaza, ambas en Salta. A pesar de provenir de una familia de clase media, Matías valoró la oportunidad de interactuar con compañeros que vivían en diferentes realidades socioeconómicas: “Siempre fui un pibe de clase media, pero estar en escuelas públicas siempre me ayudó a conocer chicos que por ahí vivían un poco mejor, vivían un poco peor, y creo que de entender esas distintas realidades también se formó un montón de mi personalidad que me acompaña hasta hoy”, reflexionó.

En cuanto a su futuro, Matías no tuvo en claro desde chico que quería ser ingeniero espacial. Sino algo completamente distinto: “Recuerdo que en la primaria quería estudiar abogacía, por eso fui a la secundaria de la Victorino de la Plaza, que tenía una orientación algo parecida a lo que yo quería estudiar. Pero después terminé yendo hacia el área de contabilidad”. Pero su interés inicial por la abogacía y contabilidad, se desvaneció cuando descubrió su fascinación por la física durante los últimos años de la secundaria. Aunque inicialmente se aventuró en la carrera de física en la Universidad Nacional de Salta (UNSA), pronto se dio cuenta de que quería algo más práctico, algo que le permitiera construir y aplicar la ciencia en tecnología.

“La secundaria me sirvió para darme cuenta de que soy muy malo con la memoria. Yo, para aprender algo, tengo que entender cómo funciona. Esa es la forma que tengo de recordar cómo se hacen las cosas o por qué se hacen como se hacen”, afirmó. “Así que dejé el sueño de ser abogado y empecé a buscar otros horizontes”. Durante los últimos años de la secundaria, Matías encontró en la física eso que estaba buscando: “Me encantó. A mí de por sí nunca me costó mucho la matemática, pero una vez que tuve física me encantó. Entender cómo funcionaban las cosas me volvió loco, y eso terminó llevándome a estudiar física los primeros años en la Universidad Nacional de Salta (UNSA)”.

El interés por la ingeniería llegó después, durante el comienzo de su carrera en la UNSA. “De hecho mi idea era venirme a estudiar al Balseiro en Bariloche, donde vivo ahora, pero para eso tenía que primero hacer dos años de una carrera como física o alguna ingeniería, de ahí rendir un examen de ingreso y demás. Recién entonces podría a estudiar becado la licenciatura en física en el Instituto Balseiro”. Pero la carrera de Matías tuvo otro giro. La física no era lo que el salteño imaginaba. No era una carrera tan práctica como pretendía, y la salida laboral que vio en ese momento era en áreas de investigación o dando clases. Así que empezó a buscar alternativas. Y ahí apareció la UNSAM.

El joven vio un video de YouTube en el que desde la Universidad Nacional de San Martín anunciaban que se abría la carrera de Ingeniería espacial. Y no lo dudó: “Fue automáticamente decidirme a irme a estudiar a Buenos Aires. Claro que tuve que tener una conversación difícil con mis viejos y decirles que me quería venir a vivir a Buenos Aires. Quería dejar una carrera y empezar otra nueva desde cero. Por suerte, rápidamente entendieron y me ayudaron”.

Matías Escobar. (Foto:LinkedIn/Matías Escobar/Alejandro Santa Cruz)
Matías Escobar. (Foto:LinkedIn/Matías Escobar/Alejandro Santa Cruz)

El desafío de mudarse a Buenos Aires:

La decisión de trasladarse a Buenos Aires para estudiar en la UNSAM fue un momento crucial y desafiante en la vida de Matías. Abandonar una carrera ya iniciada, mudarse de ciudad y enfrentarse a nuevos gastos representaron un desafío significativo. Pero su determinación y el apoyo de su familia allanaron el camino.

“Recuerdo que los senté a mis dos viejos para hablar de mi decisión. Primero tuve que investigar absolutamente todo para poder responder cualquier pregunta que se les ocurriera sobre cómo inscribirme, dónde quedaba, de qué se trataba la carrera, etc. Absolutamente todo para que ellos vean que yo no tenía dudas, por lo menos transmitirles eso”, compartió Matías a TN Tecno.

Su experiencia inicial en Buenos Aires incluyó vivir en una pensión, donde compartió espacio con personas de diversas partes del mundo: “Era una especie de habitación privada con un baño privado. Y había que compartir heladera, cocina. Era medio un caos. Fue como la primera experiencia grande donde me encontré con otras culturas. Ahí vivimos con gente de México, de Venezuela, de Colombia, de Chile, de China. Era bastante raro. Uno se despertaba a desayunar un mate con facturas y había gente cocinándose un huevo frito con salchichas. Fue un choque cultural bastante grande”.Esta experiencia, aunque desafiante culturalmente, se convirtió en una anécdota valiosa y enriquecedora en su recorrido.

El cambio a una vida universitaria en Buenos Aires implicó nuevos retos para Matías. Con un enfoque acelerado debido a las limitaciones económicas, se embarcó en la tarea de estudiar, trabajar y adaptarse a su nueva rutina. “Creo que estuve muy centrado en eso, en poder avanzar lo más rápido posible en la carrera porque sabía que no tenía plata para estudiar para siempre ni nada por el estilo. Sabía que cada mes que yo estaba en Buenos Aires era una inversión que estaba haciendo y era un costo.”

“Cuando mi novia se mudó, cambió un poco la ecuación porque empezamos a convivir, sobre todo cuando conseguí un trabajo de 4 a 6 horas que me permitía estudiar. Terminaba muerto, los primeros años trabajando y estudiando fueron dificilísimos”, recordó.

A pesar de estas dificultades, la adaptabilidad de Matías le permitió encontrar un equilibrio entre sus responsabilidades académicas y laborales. Trabajar como profesor y estudiar en la UNSAM le presentó desafíos significativos, pero el apoyo de sus compañeros y profesores fue crucial para superarlos. “Creo que si en esos momentos no hubiese tenido el apoyo de los profesores, mis compañeros y demás que entendían que si muchas veces faltaba a clase o llegaba tarde era porque estaba a mil, porque me tenía que mantener y tenía que trabajar y hacer otras cosas. Fue realmente duro, no es lo mismo solo estudiar y concentrarte en eso, que tener que estudiar y trabajar. Ahí noté un cambio gigante en lo que me costaba todo, pero por suerte lo conseguí. Pude sobrellevarlo y creo que hubiese sido imposible si no tenía ese apoyo en lo académico de toda la universidad y de mis compañeros, creo que hubiese sido más difícil”, reflexionó Matías.

Vacaciones y futuro del primer ingeniero espacial de Salta

“Ahora estoy un poco disfrutando de las vacaciones, creo que me voy a tomar el verano para descansar y bajar un poco las revoluciones y después veré por dónde sigue. En el corto plazo, tengo la suerte de que trabajo en una empresa donde me puedo dedicar a lo que estudié. Después, a largo plazo, hoy por lo menos no lo puedo analizar. Sí sé que me gustaría seguir aprendiendo. Sobre el tema específico del que trata mi tesis, que es la ingeniería en sistemas basada en modelos, yo creo que es el futuro. Me gustaría poder seguir estudiando eso, poder implementarlo en nuevos proyectos y poder ayudar al país a seguir construyendo satélites y poder seguir teniendo esa capacidad de desarrollar alta tecnología, que es un privilegio único que tiene Argentina y que espero se pueda mantener en el tiempo”, concluyó.

Qué es el INVAP

INVAP es una empresa argentina de alta tecnología dedicada al diseño, integración y construcción de plantas, equipamientos y dispositivos en áreas de alta complejidad como energía nuclear, tecnología espacial, tecnología industrial y equipamiento médico y científico.

En el rubro de Tecnología espacial, INVAP desarrolló y lanzó satélites de comunicaciones, meteorológicos y de observación de la Tierra para Argentina y otros países.

Con sede en San Carlos de Bariloche, Argentina, emplea a más de 2000 personas y tiene oficinas en Argentina, Brasil, Europa y Estados Unidos.-tn-

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