Tras el crimen en Santa Fe y las nuevas amenazas por todo el país, especialistas advierten por una subcultura online que puede fomentar la imitación de ataques entre los más jóvenes.
La situación en los colegios de Argentina hoy está marcada principalmente por una alerta de seguridad nacional a raíz de amenazas que han aparecido en diferentes instituciones a lo largo del país que hablan sobre un posible tiroteo, con fecha y a veces hasta horario.
En las últimas 24 a 48 horas, se activaron protocolos de seguridad en colegios de Buenos Aires (CABA y Provincia), Córdoba, Tucumán, Mendoza, Neuquén y Tierra del Fuego. Pero no es una situación aislada, en el vecino país Chile está ocurriendo una situación similiar y ya llevó a tomar cartas en el asunto con las clases.

Amenazas de tiroteos. (Web)
Al parecer, se cree que estos hechos y el tiroteo ocurrido el pasado 30 de marzo en la ciudad santafesina de San Cristóbal, estarían todos relacionados con una subcultura o un grupo de redes sociales llamado “True Crime Commnity”.
Qué es la “True Crime Community” y por qué preocupa
El término true crime refiere a contenidos sobre crímenes reales, muy populares en documentales, podcasts y libros. Sin embargo, los investigadores advierten que dentro de ese universo surgió una derivación más peligrosa.
Se trata de comunidades digitales donde algunos usuarios no solo consumen este tipo de contenido, sino que construyen relatos que colocan a los agresores como figuras admirables o incomprendidas. En ese proceso, las víctimas suelen quedar relegadas.
A diferencia de otros fenómenos, estas comunidades no tienen una estructura formal ni una ideología política definida. Funcionan a partir de códigos compartidos, símbolos y narrativas que giran en torno a ataques violentos, especialmente en escuelas.

Mensaje que se dejo en el baño de varones en colegio secundario Miguel Araoz de Salta Capital
Cómo operan estas comunidades
El informe del Ministerio Público Fiscal describe un circuito que suele repetirse:
- Puerta de entrada: consumo de documentales, videos o análisis de crímenes en plataformas abiertas.
- Interacción creciente: participación en foros o redes donde se discuten estos casos.
- Migración a espacios cerrados: chats privados o grupos con menor moderación.
- Radicalización: circulación de material violento, memes y contenidos que estetizan ataques.
- Escenarios extremos: planificación o intento de imitación de hechos reales.
En estos entornos, los ataques pueden transformarse en objetos de culto, lo que refuerza procesos de identificación psicológica con los agresores.
Señales de alerta que detectaron los especialistas
Los investigadores identificaron indicadores tempranos que pueden advertir procesos de radicalización:
- Consumo obsesivo de contenido sobre tiroteos o ataques.
- Referencias positivas hacia perpetradores.
- Uso de símbolos, frases o imágenes vinculadas a agresores.
- Participación en comunidades digitales violentas.
- Interés en armas o tácticas.
- Fantasías explícitas de cometer un ataque o elaboración de listas de objetivos.
Aclaran, sin embargo, que la presencia de uno o varios de estos factores no implica necesariamente un riesgo inmediato, pero sí requiere atención.
El riesgo del “efecto imitación”
Uno de los puntos más sensibles es el llamado “efecto copycat”. Tras un ataque con alto impacto mediático, se genera una ola de contenido que analiza y reinterpreta lo ocurrido, algo parecido a lo que actualmente está ocurriendo en el país con las amenazas.
En algunos casos, esa exposición puede derivar en la búsqueda de notoriedad por parte de otros usuarios, que intentan replicar o incluso superar el hecho original. La glorificación de los agresores, advierten, reduce las barreras morales frente a la violencia.
Investigaciones en Argentina y el rol de la Justicia
El fenómeno no es ajeno al país. La SAIT detectó al menos siete investigaciones en curso con características compatibles con esta dinámica.
Uno de los casos más avanzados se desarrolla en Mar del Plata y vincula a dos adolescentes (uno de Miramar y otro de La Quiaca) que habrían participado en chats donde se mencionaba la posibilidad de realizar un ataque armado en una escuela.
La investigación se inició a partir de una alerta internacional y derivó en allanamientos y secuestro de dispositivos electrónicos. Según la hipótesis fiscal, los jóvenes podrían haber sido captados en procesos de radicalización digital por adultos.

